Retomando
El primero después de la boda
Retomando con calmita mi rutina.
Saliendo, de a poco, del cascarón en el que he estado desde la boda.
Aunque nos comprometimos un año antes de casarnos, la verdad es que organizamos casi todo en el último mes. Y sinceramente, pregúntale a cualquier novia del planeta si tiene tiempo, energía o cabeza para escribir una newsletter mientras planifica su boda.
Bah. Al menos yo no.
Me replegué bastante. Para trabajar, organizar. Y después, sobre todo, para vivir con muchísima presencia cada momento.
Desde los días previos en Mallorca, los reencuentros con tanta gente amada, la preboda, la ceremonia, el cocktail, el after, el almuerzo del día siguiente… y después todavía varios días de vacaciones con mi mejor amiga en casa y mis suegros cerca.
Ya casi pasó un mes, pero yo sigo un poco en modo novia. Todavía disfrutando del glow que nos dejó este subidón de amor compartido con nuestra gente.
Todavía tocada por emociones muy profundas y muy bellas.
Todavía un poco resacosa del sueño que fue todo.
Y si me quedaba alguna duda de que el sistema nervioso y las hormonas son socias inseparables, mi boda se encargó de recordármelo.
Mi cuerpo vivió semanas de muchísima activación. Mucho amor y también mucha anticipación, un poco de ansiedad, logística, emoción y estímulo.
Para el sistema nervioso, incluso los eventos felices pueden sentirse como una movida enorme. A veces pensamos en el estrés como algo necesariamente negativo pero no siempre es así.
El cuerpo registra intensidad y esa intensidad impacta. Así que mi ciclo se movió.
Alto recordatorio de lo profundamente sensibles al entorno que somos.
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Ayer fue el solsticio.
Y para honrar el cambio de temporada, hicimos una práctica muy especial con dos de nuestras coachees: 108 saludos al sol.
Cuando terminamos, ambas nos dijeron algo parecido. “Pensé que no iba a poder.”
Y me hizo sonreír porque ya las hemos visto decir eso antes.
Con otros desafíos.
Con el entrenamiento en ayunas.
Con la idea de sostener hábitos.
Con las push-ups. Un clásico.
Siempre aparece la duda antes del crecimiento. Ese pequeño diálogo interno que intenta convencernos de que no somos capaces.
Y, como pasó tantas otras veces: pudieron. Las dos completaron la práctica y se demostraron algo importante.
Antes de empezar, les propusimos entrar en la práctica con una intención.
Pensar qué versión de ellas mismas querían dejar atrás.
Y a cuál querían abrirle la puerta.
Al terminar, transpiradas y eufóricas, volvimos a esa pregunta.
Y la respuesta apareció bastante clara.
Quizás ya es hora de dejar atrás a esa versión que sigue dudando de sí misma. A la que, incluso con evidencia concreta de todo lo que ya logró, sigue diciendo:
“No sé si voy a poder.”
“No sé si seré capaz.”
A veces lo único que falta no es capacidad. Es creérnoslo.
Estoy convencida de que parte del trabajo es ese. (Te lo digo me lo digo)
Chau al “no voy a poder”. Y bienvenida la versión de nosotras que confía un poco más.
Un saludo al sol a la vez. Un hábito a la vez. Un acto de valentía a la vez.
Gracias por leer el primero después de la boda.

